– Domingo 1º de diciembre de 2019, 11h08, km38 de la Maratón de Valencia, estoy yaciendo en la acera, atendido por la Cruz Roja por 40 minutos.
– Domingo 5 de diciembre de 2021, 11h27’50, paso la línea de meta del Maratón de Valencia en 2h57’50, mi primer sub3.

2 años separan estas 2 maratones, estas 2 aventuras, estas 2 emociones opuestas: la tristeza de la alegría, la desilusión de la auto-realización.

  • Tiempo de lectura: 10-12 minutos
  • Capitulos:
    • Intro
    • Desarrollo atlético
    • Tirado en el suelo
    • Las enseñanzas de un «fracaso»
    • La carrera km a km
    • Conclusiones & Enseñanzas

 

En esas próximas líneas, comparto lo que ha movido un hombre de mediana edad, de condición atlética común y corriente, en una y otra aventura, y qué enseñanzas le saco para el deporte, para el trabajo y para la vida.
Y parto de una premisa, a la pregunta, tal vez, de alguna parte de mis lectores:
– “¿qué importancia tiene correr?”,
la respuesta es: «Ninguna»
Hay cosas mucho más importantes que correr en la vida: la salud,  la estabilidad relacional y afectiva, el desarrollo profesional. Y precisamente, los corredores   creemos que, como ser humano, hemos nacido para correr, nos da salud, equilibrio y estimulo para muchas áreas de nuestras vidas. Otras personas pueden disfrutar de otras aficiones: cantar, jugar el golf, practicar la ayuda social… Si consideras que correr es irrelevante o no puede servir de metáfora de la vida y que no tiene ninguna trascendencia, te invito a dejar aquí tu lectura.

Desarrollo atlético
Empecé a correr en club en septiembre de 2012, y formé parte del subgrupo de los sub40: aquellos compañeros corredores que aspirábamos a correr alguna vez un 10km en menos de 40 minutos. En 2013, corro 2 maratones en 3h27 y 3h31. En 2016, rebajo 14 minutos, en 3h13. Y esta marca me parecía un hito, para mi. Y me abrió el apetito, por matemática, de rebajar otros 13 minutos y pasar por debajo de 3h.
En septiembre de 2019, tras 7 años en el club de atletismo, regreso del verano… en una forma inhabitual; en una forma, de hecho, sorprendente. En la pista de atletismo, los martes a las 20h, los compañeros me observan mucho más veloz. Y en el “post”, el tiempo de sobremesa en el bar, el tema “pero ¿qué le ha pasado a Benoit?” pasa a ser el tema de discusión. Como si en un video juego, parece que de repente desbloqué el nivel superior. Una media maratón confirma esa forma (mejoro marca de 1h31 a 1h23 en esa distancia; 8% más rápido). Y llego a Valencia 2019 con un sueño: sub3, correrla en menos de 3h.

Tirado en el suelo
Ese sueño se esfuma, pues, con esos 30 minutos en el suelo, sin poder moverme, ni siquiera capaz de sentarme y luego en la ambulancia, y el hospital de campaña en línea de meta; y esa dulce médica, María José, que me dice: “Puedes llorar si quieres, Benoit!”. No tengo ganas de llorar y voy aceptando una realidad: el monstruo del maratón me ganó. No medí bien los tiempos y la hidratación y alimentación; dicen que es hipoglicemia. Mi mujer Viviane y mi hijo mayor que me habían apoyado 1 km antes (y animado a reducir el ritmo), al no verme pasar por el km40 en la App, se inquietan, se ponen a correr y me descubren, tendido en el suelo. No es precisamente la imagen que un padre de familia quiere transmitir a su clan. Y estos whatsapp entre hermanos; “papa está en el suelo, no se mueve… ahora se va en ambulancia!” Me repondría, y a las 2 horas, tendríamos igual la tradicional paella con los amigos del club y la familia. Y 3 semanas después me desquitaría la espina, en 10km (Aranjuez) bajando marca de 39h15 a 37’56. Estaba en forma, pero “algo” no había funcionado.
Con el susto que le di a la familia con mi desmayo, pienso que me van a decir “¡esto se ha acabado!”. En cambio, en una reacción sorprendente, de la que tardaré tiempo en valorar el alcance, en el coche de vuelta, mi mujer me dice:
“dado que no nos permitieron subirnos a la ambulancia para acompañarte al hospital en línea de meta, tuvimos que hacerlo corriendo, al igual que los corredores, del km38 al km42. Y me encantó el ambiente. Si tu vuelves a intentarlo, me apunto.”

Tras unos días de “digestión”, recibo un email de la organización del maratón de Valencia, de una exquisita carga relacional, un email que mencionaría decenas de veces en conferencias, como ejemplo de clienteling. La organización del maratón envía un email a los que no hemos terminado con un asunto demoledor “Termina lo que empezaste. Corre Maratón Valencia 2020”, y con texto que resuena de esa emoción de frustración, ofreciendo condiciones muy especiales para volver a intentarlo. Me inscribo a la edición de diciembre de 2020 de esa misma maratón… y mi mujer, que hasta ahora no ha tenido una cultura deportiva asidua, también se inscribe.

El 10 de marzo de 2020, un virus desconocido, que viene de China, y nunca pasaría de Italia, finalmente nos… confina; nos encierra. Y se abre un periodo de tristeza, dolor y resiliencia: el Covid. Los empresarios nos vemos afectados, sin subsistencia, o desde luego con un reto inédito de reinventarnos. Y, para los “animales sociales”, como yo y mis compañeros formadores-coaches, el reto de impartir formación, coaching y conferencia logrando niveles de entusiasmo de participantes de mínimo 9 sobre 10 por… Zoom. Las carreras se cancelan, engordamos, nos preocupa la salud de nuestros padres… y volvemos a valorar las cosas simples, que ahora nos están prohibidas: vernos entre amigos y familiares, disfrutar de la naturaleza, abrazarnos, cantar en grupo… correr. La inscripción pasa a 2021.

El 31 de enero de 2021, soy el primero del club en correr una carrera, En lineas de salida, con la música en altavoces, vertical y libre, arranco la carrera con lagrimas en los ojos. En el verano, ya es tiempo de pensar seriamente en un plan para lograr el asalto al 2h59 esta vez. Solemos decir que los americanos valoran mejor el “fracaso” que los europeos. Lo cierto es que aspirar a conseguir el anhelado objetivo de bajar de 3 horas implica de aprender de los errores, decidir si la maratón de 2019 fue “un auténtico fracaso o una experiencia llena de enseñanzas”.

 

Las enseñanzas de un “fracaso”:
– En 2019, no funcionó el autobús tempranero y esprinté para llegar a la línea de meta, desperdiciando valiosa energía.
=> Esta mañana del domingo 5 de diciembre 2021, accedo a la zona de salida, con trote suave desde el piso Airbnb a solo 10 minutos. Estoy sereno y concentrado. Llegamos a Valencia el viernes por la tarde. Nos instalamos tranquilamente. He dormido correctamente, desayunado e ido al baño.

– “Algo” en mi alimentación e hidratación faltó y me dejó sin fuerzas en el km38. Y quiero validar un sistema de alimentación en carbohidratos y hidratación eficaz y preventivo; comer y beber antes de tener necesidad.
=> Lo encuentro con Maurten, combinación de 6 tomas de geles y bidones líquidos (que me entrega mi hijo en carrera) cada 20 minutos a partir de la primera hora de carrera.

– Quiero convertir algo de garra, bravura y exaltación en un punto más de contención, gestión y experiencia. La maratón no es explosiva sino resistente.
=> Esto implica de resistirse a cualquier acelerón, excepto, si lo puedo, en el sprint final. Nunca antes. En ningún momento en esas 24h, mi pulso cardiaco superaría los 179. Tampoco canté (como me suele gustar) con las músicas de la salida que te llevan el pulso a tope. No hace falta.

– En un esfuerzo intenso de resistencia, el oxigeno alimenta principalmente a piernas y brazos… y menos la cabeza. Quiero ahorrarme cálculos y excesivos pensamientos en carreras. Para ello, ayudaría poder seguir a alguien, un globo-liebre en ese caso.
=> Establezco una estrategia de carrera, con mi coach, de seguir al globo sub3 por lo menos hasta el km37. Miraré el reloj solo 1 vez por kilometro, y no 3. Puedo concentrar mis pensamientos en gestionar mis geles e hidratación.

– Quiero saber en todo momento exactamente cómo voy contra objetivo.
=> Tengo los parciales objetivos de 2h59 escritos en mi brazo (km 25, 30, 35, 40). El método no es moderno, pero muy eficaz.

– La gorra acumula calor en la cabeza y hace transpirar. Busco liberar calor al máximo. Por ejemplo, decido correr sin gorra.
=> Corro sin gorra, pero con una cinta esponja, que me ahorra el gesto de quitarme sudor con el brazo. Y aunque entrenara sin gafas, decido usarlas, por el viento y evitar pelusas en los ojos

– La sensación de vulnerabilidad, de sentirse dominado por algo más fuerte desestabiliza mucho. ¿Qué hacer para evitar el muro del km32km o los desvanes del km38?
=> Busco, en el km37, sentirme en control e incluso poder acelerar. Ese es por supuesto el tema clave y se centra en la cintura abdominal; en todo el trabajo diario de core. En esos momentos, interiormente agradezco a mi mujer, que rigurosamente, cada mañana durante 4 meses, al levantarse, tiende su esterilla en el suelo… y me invita a hacer lo mismo. Cuando siento un bajón, realzo mi postura, subo cadera (no cedo a la tentación de agacharme), miro lejos, y busco un estilo fluido y suelto, sin resistencia, pisando metatarso (la punta del pie, nunca el talón). Cada vez que lo he buscado, he encontrado ese punto… porque hice core todos los días en los últimos meses… (cosa que no hice tanto en 2019)

– Quiero mantener cierta discreción con esa carrera. Me di cuenta en 2019 que, hasta personas cercanas, y con la mejor intención, no entienden porqué corremos, y “arriesgamos” nuestra salud; porque sigo queriendo superarme. (Y tienen derecho a pensarlo).
=> Precisamente es por nuestra salud que corremos y lo cierto, es que lo que sabemos de Zoom, hoy, con hijos y algún amigo en la carrera, podríamos haber imaginado una cobertura mediática internacional en directo. No. Discreción, a correr sin presión. Ya contaremos una vez finalizado.

Los aprendizajes de un “fracaso”, si sabemos usarlos, es lo que se llama… LA EXPERIENCIA. Sin el abandono de 2019, tal vez no habría desarrollado la humildad, no habría cuidado cada variable con precisión, no habría tal vez vuelto a intentar una maratón. Sin mi abandono, nunca habría corrido una maratón mi mujer… y lograría bajar de 4h. Un ejemplo.

 

La carrera
– En línea de salida, me encuentro con mi compañero Juanan, a 8 minutos de la salida. La élite ya ha salido a las 8h15; y por eso los cronos visibles, incluso en meta, marcan 15 minutos más. Charlamos algo. Aun estoy envuelto con bolsa de basura para mantener temperatura corporal.
– Solo me inquieta la previsión del viento, con rachas de poniente de hasta 35 km/h, más de 2 veces mi velocidad en carrera. Esta característica me reafirma, si fuese necesario, en la decisión de sumarme al grueso del grupo de globo, para correr protegido detrás de otros, limitando la resistencia al viento y generando cierta aerodinámica ( el drafting).
– Los “globos”, que son más pendones, se encuentran delante del grupo, esperando, a unos 20 metros de mi.
– Al pistoletazo, mi objetivo es acercarme al globo. Tras 300m o 500m, miro reloj y estoy en 4’05 (mientras no debo bajar de 4min15 por km), sin haber alcanzado aun el globo. Se me ha secado la boca, igual que en 2019. Me entra la duda, ¿mantengo esfuerzo para alcanzar el globo sub3h y aplicar el plan, o aflojo? Decido mantener esfuerzo. Mi ritmo objetivo de sub3 es de 4min16 por Km, paso el km1 en 4’06 min/km y el km 2, en 3’59 min/km. He alcanzado el globo pero es un inicio de carrera demasiado rápido; sé que mi coach y los compañeros del club que no corren están mirando la App y ven este inicio demasiado rápido, con cierto fatalismo.

El km5 es el primero que corro más lento de 4’10. En el primer avituallamiento, me aseguro de no solo mojarme la boca sino beber 2 tragos completos de agua. Hay algo de forcejeo entre corredores, para acceder a las botellas, en particular por los cambios de dirección. Un corredor que va por el medio y debe desviarse hacia uno de los 2 lados puede dar una zancadilla a otro. Hay que ser muy precavido y listo en estos momentos. Presenciaré 4 caídas fuertes a menos de 5 metros de mi en esa maratón.

En el km8, estoy casi tranquilizado de ver un crono en 4’21, compensando este inicio excesivo, ya con el viento en contra, como si las liebres, lo hubieran anticipado. Lo importante es que me siento bien. Me realizo un auto-scanner de abajo hacia arriba. Las piernas van bien, de ritmo-cardio voy bien (aunque no lleve este indicador en el reloj) y de cabeza también.
En los tramos hacia el poniente el viento sopla de cara, y ahí procuro agachar la cabeza para presentar menos exposición al viento, acortar ligeramente la zancada, y sobretodo colocarme detrás de un atleta. Una de mis aficiones es navegar en catamarán o windsurf y “buscar” o jugar con el viento. En ese caso, se trata de limitar el consumo energético que sabemos que, en el km 30, lo pagaremos caro. Este ajuste fino implica por ejemplo que, si el viento viene en diagonal, no me coloque detrás sino en oblicua. Algún atleta de atrás me lo reprocha, uno de forma vehemente. “Joder el de azul no para de cambiar de trayectoria!”. Son 3 compañeros de un mismo club. Tras unos kilómetros, decido buscar otro sector en el grupo para bajar la tensión.

En el km13, me tomo mi primer gel Maurten con cafeína. Verifico que lo digiero bien. En el km18, qué alegría ver a mi hijo Arthur con el bidón preparado. Para la asimilación del organismo desde el estomago, aunque los geles hayan mejorado mucho (en particular Maurten con las soluciones de algas), el formato liquido permite una mejor circulación. Y aprovecho el lujo que es contar con un “portador de bebida” que además anima. Este es el plan de geles que seguiré a rajatabla.

 

 

No pierdo energía hablando. Solo pregunto a uno de los 2 globos en un dialogo así:
– “¿Cómo te llamas?
– Francesc
– Muchas gracias Francesc
– De nada, hombre.
6 palabras que me gasto también para medir la confianza. Siento confianza. (mientras que, en 2019, no la hubo con el globo)

Paso la media en 1h29’15, exactamente el tiempo pactado con mi coach del club; es decir 45 segundos solo por debajo de 1h30. Significa que, si a partir de este punto, “doblo”, es decir recorro la segunda parte en el mismo ritmo, terminaría en 2h58’30. Y así lo comentan los observadores del club.

 

Realizo nuevamente un scanner. Algunos puntos me alertan: rodilla izquierda exterior, gemelo derecho exterior, isquio izquierdo. Cada uno de estos puntos se desvanece, pero noto que las piernas se van cargando.

En el km26, nos enfrentamos a rachas de viento. Tiro de técnica y me pongo en modo ahorro.

En el km27,3, me encuentro con Arthur para la segunda botella y este comentario de animo, “¡Allez papa, tu fais un chrono de batard!” Lenguaje de la juventud que dejo los no francófonos traducir ! Da ánimo.
Este apoyo de la familia es impagable. Y mis otros hijos están siguiendo en directo la carrera también, por el grupo whatsapp y por la App, viendo a su padre y a su madre correr juntos esta prueba. Y recuerdo también esta media maratón en Barcelona en mi preparación, 6 semanas antes, en la que Arthur me grabó mientras acompañaba a Eric quien se convertiría a las 2 semanas en campeón del mundo de maratón empujando a una persona en silla de rueda (su madre Silvia con esclerosis múltiple); ambos grandes personas con quien nos reímos mucho!

En algunos tramos, hay bandas de música, y público. Muchas gracias a todos por ello. En otros maratones, me energizaba mucho del ambiente, de la música, de los gritos. Hoy estoy más concentrado en lo mío. También gracias a la PNL, generaba conversaciones interiores estimulantes, me convertía en animales, hablaba con mis abuelos, etc…. En ese caso, “solo” quiero seguir, mantener la fuerza y el ritmo, en una gestión técnica de mi carrera. Cuando siento un punto de flojera, recuerdo erguirme, buscando fluidez y soltura en la zancada. (reflejo también de PNL; “tu cuerpo te indica como sentirte si le controlas”)

En el km32, la “peña del muro”, con humor, grita en el micrófono, “¡quédate pegado al globo como a tu amada en un viento de invierno!”. Eso, cerca del globo. Entramos en un momento de la verdad. Los últimos 10 kilómetros; el momento en que van a empezar a caer los “cadáveres”. Me apoyo mentalmente en todos los 10k que he corrido en mi vida, y me parece una distancia alcanzable, como si la carrera empezara… ahora.
Lo cierto es que se va mermando el grupo del globo.

En el km 34, las piernas pesan. Siento los 2 gemelos duros, casi calambres. Intento relajarme, ir suelto, sin tensión. Me temo que el crono se esté resintiendo; pero no: 4’17, aguantando.

En el km37, a 5 kilómetros de la llegada, en un intento de quedar pegado al short del globo (“a la culotte” como me decía mi entrenador de futbol, de niño), le adelanto medio hombro, sostengo, e incluso, me adelanto medio metro. No quiero quemar un cartucho. Sé que este globo me puede llevar al objetivo de 2h59. Venga ya lo llevo 10 metros y me siento bien, sin forzar pero con intensidad, en un esfuerzo final de 5 kilómetros. Me siento bien, tomo mi último gel. Mil veces visualicé este tramo final, donde 2 años antes, viví esa cruel desilusión de empezar a quedarme sin petróleo, a zigzaguear y pararme. Me voy. Igual me recupera el globo y podré seguirle. No quiero jugarme a marca segundos; prometí a mi tío Bernard, con una marca de 3h00’06, de pasar por debajo de las 3h, por nosotros 2 y toda la familia, y poder regalarle esos 7 segundos, 30 años después.

Diviso en mi izquierda el Corte inglés y a mi derecha, la acera donde yací, inmóvil, en la sombra y el frío, sin lograr ni siquiera sentarme, durante 30 minutos hace 2 años. Este recuerdo solo me ocupa medio segundo. Ya diviso el parque Turia, con sus arboles, señal del kilometro 40 y de esa muchedumbre que no pude disfrutar, y que, en masa, apoya a los corredores. Sin saberlo, estoy corriendo mis 4 últimos kilómetros al mismo ritmo que los 4 primeros: 4’07.

A lo largo ya se divisa la majestuosa Ciudad de las Artes, pero son 2 kilómetros; esfuerzo constante, vamos. Adelanto atletas.

Ya llega la bajada a 400 metros. Sigo adelantando atletas. Miles de veces me visualicé sobre esta recta final, esta alfombra azul, sobre el agua del sublime cuadro arquitectónico modernista de Santiago Calatrava. Y me imaginé con mil celebraciones de todo tipo. En ese caso, dentro del esfuerzo sostenido, disfruto el momento. Levanto brazos, y paso por meta.

Me siento muy feliz y orgulloso, aunque la fatiga no permita exteriorizarlo en este momento. También, me había propuesta de objetivo de seguir vertical en todo momento, incluso después de llegar. Me apoyo unos instantes en la barrera, y tranquilamente me dirijo a la zona post-meta.

El protocolo covid implica un recorrido post meta relativamente largo. Recojo el poncho térmico, hablo con desconocidos, les felicito. Recibo mi medalla y me acerco a la grabación. Momento de gran emoción. Mi reloj me marca 2h57’56; pero cual es mi tiempo real. El operario ingresa mi número de dorsal en su ordenador, coloca la medalla en su maquina, y como para la copa de la Champions League, en unos instantes mágicos, se va grabando, sobre la medalla, con un halo de humo, el texto siguiente:
MAHÉ, BENOIT
02:57:55

Me emociono. Y tras 20 minutos de llegar, me pongo a gritar, aquí en la zona técnica de guardarropa, un grito intenso, tendido, sin pudor. Los demás corredores apenas se sorprenden; se ríen de forma cómplice.
¡Que única sensación, sentirse realizado! Hacer realidad un sueño.
Regreso a línea de meta, como espectador esta vez, para asistir a la llegada de mi mujer. En el km37, la App marcaba una proyección de llegada en 4h04; y se ve que acelera, y algún compañero anuncia en el whatsapp, que ella se planta en recta final para pasar, por debajo de 4h. 3h59. Brutal. Creo que estoy aun más contento para ella que para mi. Admiración total. ¡Qué regalo! Ambos pudimos acelerar en el km37, y pasar por debajo de 2 marcas simbólicas: sub4 y sub3.
Disfrutaremos con aun más ganas la tradicional paella con los compañeros de club.
Esos momentos de alegría relativizan las noches de esfuerzo, los entrenamientos a veces adversos; yo viví una primera parte de preparación pesada ; algun entreno, después de una jornada de trabajo, no pude seguir y me paré en un bar volviendo caminando, en varias ocasiones. Pensé que no volvería a mi nivel anterior. La constancia y la competición te vuelven a tu nivel.

Conclusiones & enseñanzas

– Tengo 51 años y estoy en la mejor forma de mi vida.
– Acabo de cumplir mi sueño de los últimos 9 anos y medio: bajar de 3h. Estoy sereno; estoy donde tengo que estar.
– Acabo de rebajar 16 minutos a mi marca de 2016: 8,2% de mejora en 5 años; soy mejor corredor con 51 años que con 46 (y sin embargo ya lo había dado todo en esa ocasión).
– La experiencia es un valor, un factor clave de la ecuación. Y me parece un insulto a la inteligencia que profesionales de esa edad en su cincuentena, estén encaminado a pre-jubilación. Yo pretendo ser un mejor corredor, profesional … un mejor hombre con 60 años. Me sigo formando, recibiendo feedback, cuidándome.
– “Yes, we can”; “just do it”. Esos 2 eslóganes de Obama y de Nike resumen el proceso mental de generar una potente visión que abre posibilidad (Yes we can) concretizado en un plan de acción concreto e inmediato (just do it); la toma de conciencia y la toma de acción del coaching.
– Por supuesto nuestra profesión de coaches, nuestro manejo de la PNL y la inteligencia emocional nos han ayudado a prepararnos hacia ese éxito.
– Revalido mis 42P’s del éxito en maratón y en el negocio generado en 2016.
– Sólo, vas rápido; juntos, vas lejos. El apoyo de mis compañeros del club Miacum, la colaboración exquisita de mi mujer con su liderazgo en la disciplina de los core y la alimentación, y con su propia visión atrevida y potente, la ayuda del globo del maratón y esos 200 corredores que nos hemos codeado y apoyado a vencer el monstruo, juntos. Team Spirit, por supuesto. (Y el teletrabajo no puede tirar por tierra ese valor fundamental en las empresas.) Juntos!
– La matemática tranquiliza: Vine a ejecutar un plan; a entregar un nivel que sabía que tenía pero que aun no había demostrado sobre esta distancia. En la maratón, como en los negocios, como en la vida, al final, mucho es “experiencia + entrenamiento + matemática + cabeza”. Cuando has corrido 2 medias maratones en 1h23 o 1h24, sabes que tienes una posibilidad de bajar de 3h en maratón. Yo evaluaba esta probabilidad en un 33%. Nunca es seguro; porque la carrera es imprevisible, pero si cuidas los elementos que están en tus manos al máximo, te acercas a la posibilidad de éxito.
– Con 99º, el agua no hierve; y a una temperatura de 100º, el agua hierve y pone en movimiento a maquinarias potentes. 3h01 no habría sido un mal resultado, pero hice todo mi esfuerzo para evitar esa marca, y tampoco quise jugármela a 2h59’59. Di el esfuerzo extra para regalarme, y mi mujer también, el romper estas 2 marcas simbólicas, y no quedarnos en un 99,9% de nuestro potencial.

En ese camino, vivo los años, vivo la amistad de compartir esa pasión de correr con otros amigos. Me mantengo en forma, física y mentalmente, para abordar otros aspectos de mi vida, como mi trabajo, mi familia. La tirada larga del domingo por la mañana me permite llegar en forma a mi formación del lunes, o mi conferencia del martes.

Muchas gracias por leer estas reflexiones, y por estar aquí, acompañándome en mi camino.

Benoit Mahé

Coach PCC
Partner CapKelenn
Author «Retail Coaching»
Marathonian… sub3
www.benoitmahe.com
www.capkelenn.com

Comentarios

Deja un comentario